Los republicanos deben ser cautelosos con su éxito, pues la Ley de Cuidado de Salud tiene un futuro legislativo incierto

Obamacare: los republicanos ganaron una batalla en la Cámara, pero ganar la guerra será más difícil reunir 217 votos por el sí este jueves a favor de un plan de salud destinado a revocar y remplazar la Ley de Asistencia Asequible (ACA por sus siglas en inglés), un logro que parecía improbable hace 48 horas.

Es una victoria que vale la pena celebrar para un partido que ha estado definido por su inhabilidad de reunir a su caucus ideológicamente diverso desde que retomaron el control de la Cámara en la elección de 2010. El presidente de la Cámara, Paul Ryan; el líder de la mayoría, Kevin McCarthy, y el líder del grupo parlamentario, Steve Scalise, se merecen ese crédito, así como el presidente Donald Trump, quien activamente trabajó con los miembros indecisos en los últimos días.

Pero los republicanos deberían ser cautelosos con la celebración de su éxito, pues la Ley de Cuidado de Salud enfrenta un futuro legislativo decididamente incierto en el Senado y su futuro político es aún más turbio.

El presidente Donald Trump aplaude junto al presidente de la Cámara Paul Ryan y al presidente del grupo de legisladores conservadores House Freedom Caucus, Mark Meadows, luego de que la ley de salud para reemplazar el Obamacare pasara en la Cámara.

Tal vez no pueda decirse luego de semanas de negociaciones e incertidumbre, pero lo que ocurrió este jueves en la Cámara no fue la parte más fácil. Después de todo los republicanos controlan 238 asientos en la Cámara y solo necesitaban 216 para aprobar la legislación. En una cámara construida alrededor de la idea de la regla de la mayoría, las matemáticas y los cálculos políticos no son del todo complicados.

Ganaron la batalla. Pero la batalla más grande continúa, y las apuestas no están del todo a favor de los republicanos.


El Senado, el reto venidero

El reto inmediato está en el Senado, donde los republicanos tienen una mayoría más estrecha que en la Cámara —allí controlan 52 asientos— y donde los miembros tienden a ser menos conservadores, en promedio, que en la Cámara. Varios senadores republicanos han expresado sus preocupaciones sobre eliminar las condiciones preexistentes y el congelamiento de la expansión del Medicaid
que fueron incluidos en el proyecto de la Cámara. La legislación también podría eliminar la mayoría de los fondos de ACA para tratamientos adicionales, un problema que será un punto de fricción más grande en el Senado que en la Cámara.

Aunque no está claro qué cambios harán los republicanos en el Senado a la nueva ley que acaba de pasar, lo que sí está claro es que los habrá.


Así que, incluso si el líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell es capaz de empujar una parte de la ley de cuidado de salud, ese proyecto no sería una réplica de la versión de la Cámara, lo que significa que tendría que ir a un comité para resolver las diferencias entre los dos. (Los miembros del comité son designados por sus respectivos líderes en Cámara y Senado).

Si ese comité puede llegar a un acuerdo sobre el proyecto de ley, tendría que ser votado entonces en Cámara y Senado, otra vez.
Y, estaríamos de regreso a donde hemos estado las últimas semanas: los republicanos tratando de conseguir 216 votos para que este proyecto de ley pase.

Ese es el reto de convertir un proyecto de ley en una ley por el que aún debe pasar la ley de salud. Y claro, los obstáculos políticos pueden ser aún más desalentadores.

ACA es más popular hoy de lo que ha sido en el pasado. Una encuesta de abril de Kaiser Family Foundation mostraba que el 48% de las personas aprobaban la ley, mientras que el 41% la desaprobaba. Un cambio importante para una ley que tenía a la mayoría de estadounidenses en su contra desde que el presidente Barack Obama la firmó.

Ahora considera el hecho de que una de las cláusulas más populares de Obamacare —que los pacientes no pueden ser discriminados por sus condiciones preexistentes— ha sido eliminada de la versión de la Cámara. Si ese mandato es eliminado en la ley final — asumiendo que hay una ley final— podría causar grandes problemas para los republicanos no solo en los asientos indecisos, sino
también entre la base republicana.

Los once estados con el mayor porcentaje de personas menores de 65 años con condiciones preexistentes son todos los estados que Trump ganó en 2016.

La Cámara también pasó la ley sin anotaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, lo que significa que nunca supieron a) cuántas personas podrían (o no) estar cubierta con este plan y b) cuánto costaría.

Mientras el Senado no sea capaz de votar la medida hasta que sea evaluada por la Oficina de Presupuesto, es posible que los miembros de la cámara pierdan la reelección en las bases bajo el hecho que emitieron un voto ciego por el sí para una legislación sobre la que sabían muy poco.

Es difícil saber algún futuro político sobre esta ley pues es muy incierto. Pero los demócratas están convencidos de que el partido republicano acaba de entregarles un tema masivo que será una pieza clave de su empuje para retomar la mayoría de la Cámara de Representantes en noviembre próximo.

Los republicanos en la Cámara merecen el crédito por finalmente pasar esta ley. Pero su trabajo está lejos de terminar. De hecho, solo está empezando.

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