La razón del color de las botellas de cerveza

¿Por qué las botellas de cerveza son de color marrón?
No es porque combine mejor con el tono del contenido. Y, por cierto, como seguro bien sabes, también las hay verdes

Quien diga que no se lo ha preguntado nunca a altas horas de la madrugada acodado en la barra de un bar —cuando uno  se plantea las cuestiones de importancia capital­­­—, miente: ¿por qué las botellas de cerveza son de color marrón?
La réplica obvia, solo para complicar aún más las cosas, es que no todas las botellas de cerveza son marrones. Las hay verdes, y algunas, como las de ciertas marcas mexicanas, son incoloras. ¿De qué depende? No es un tema banal: incluso ha sido estudiado por la ciencia.

“Cuando la luz intensa solar incide de forma directa y continuada en las botellas afecta a las sustancias amargantes de la cerveza provenientes del lúpulo que están disueltas en la misma, provocando un aroma fácilmente detectable y no agradable”, explica Ana Jiménez, especialista de comunicación de Heineken España. Dicho de otro modo, si a la cerveza le pega el sol, apesta.

Para evitar gestos de asco en la clientela, las compañías cerveceras se decantaron en un primer momento por el verde. Pero en la década de 1930, descubrieron que el marrón desempeñaba mejor esa función de filtro. “Es el color de vidrio que absorbe las radiaciones perjudiciales de la luz solar en mayor medida que otros”, añade Ana Jiménez. Irónicamente, la marca de cerveza a la que representa sigue usando el verde: “Pero se presenta en packs cerrados completamente para evitarlo, o cuando es botella retornable lleva el cover de cartón”, precisa.

En general, el tintado de cristales y vidrio influye en la filtración de la luz. Se sabe —lo refrenda un estudio de dermatólogos brasileños de 2009— que el verde es el más fotoprotector frente a los rayos UVA. De ahí que sea habitual en gafas de sol. Los tonos cobrizo, naranja, amarillo y marrón bloquean mayor cantidad de luz azul (como la de los ordenadores), según un artículo de SafetyglassesUSA.com.


En lo que a cervezas se refiere, investigadores de la Universidad de Emory (EE UU) hicieron el siguiente experimento: cogieron seis botellas de Corona y sometieron a cuatro de ellas a una exposición de 40 minutos de rayos UVA (dos de ellas recubiertas de papel de aluminio), y las dos restantes las dejaron a buen recaudo en un frigorífico. Dos días después realizaron una cata de las seis. Los participantes detectaron aromas y sabor sulfúricos en las que habían sido puestas al sol sin cubrir, menor efervescencia en la nariz y las encontraron menos agradables. Aunque más sutilmente, las birras recubiertas de aluminio también despertaron sensaciones poco agradables. Eso sí, las que se guardaron en la nevera se las pimplaron tan ricamente.

Dicho de otro modo, si a la cerveza le pega el sol, apesta

Otro estudio, publicado en Journal of the Institute of Brewing en 2010, realizó un experimento similar con cinco marcas de cervezas comerciales y de pequeños productores. Los participantes mostraron una preferencia menor por las que habían sido expuestas a la luz solar.

Allá por 1978, un estudio de la Universidad de Gante (Bélgica), encontró que el aroma desagradable se debe a la formación de 3-meltil-2-buteno-1-thiol, una sustancia producto de la fotólisis de iso-alfa-ácidos en los aminoácidos. Seguramente no te has enterado de nada (como nosotros), pero, vaya, la explicación existe. Según Beeradvocate.com, bastan de 10 a 15 minutos a pleno sol para que esos efectos indeseados se manifiesten.

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