“Tierra de los Padres”: un film que revive con palabras el debate de los muertos de la patria

Quizás lo más atrapante de esta propuesta de Prividera es la subjetividad que construye en el espectador. Una película que habla de la Historia de un país desde el mensaje de quienes trascendieron el tiempo y hoy, sus palabras recuperan el aliento de vida al ser leídas entre las paredes guardianas de los cuerpos muertos.
“Tierra de los Padres” es un ensayo sobre la memoria y la consolidación de un Estado a partir de las batallas por el poder y la hegemonía. El solo hecho de plasmar en un relato cinematográfico esa disputa contiene visiones encontradas, pensamientos contrapuestos y antagonismos apasionados.
“Cada espectador ve la película desde su propia historia”, dice al público Prividera al concluir la proyección que se realizó la noche del sábado en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín de Buenos Aires. La respuesta del director iba dirigida a un auditorio ávido de continuar el debate de los muertos. La discusión está vigente y reviven con fervor aquellos enfrentamientos que nunca fueron enterrados.
Es cierto, la segunda película del director de “M” puede ser interpretada de diversas maneras y desde versiones propias y subjetivas de la Historia, pero el recorte que propone Prividera no es condescendiente con quienes desde su posición de poder derramaron la sangre del pueblo. Los lee, sí, pero en la selección hay un punto de vista que el mismo realizador de la película asume como “alberdiano”.
Por eso, tal vez, las lecturas más controversiales son las que el director elige de Sarmiento, donde se revela un deprecio explícito por aquellas personas que el prócer argentino consideraba que formaban parte de una barbarie digna de ser exterminada. Ahí es cuando aparece Alberdi, discutiéndole, porque -según sostiene- la exclusión siempre termina en tragedia.
Mientras los muertos debaten con la palabra viva en boca de hombres y mujeres más o menos públicos, mediums que aparecen y desaparecen para leer las históricas citas de los protagonistas, otros personajes interfieren en la trama, colándose en la Historia. Son los trabajadores del cementerio que trabajan en el mateniemiento y la limpieza del lugar. En la proyección, un espectador pregunta si es una metáfora y Prividera contesta que lo deja a la interpretación de cada persona.
“Tierra de los Padres” remite a la etimología de la palabra “patria” y en ese fundamento la película elige a los padres de la patria que yacen en el ilustre cementerio de la Recoleta para contar la Historia de un país.
Porque ellos tienen sus mausoleos, estatuas y placas. Pero muchos de quienes fueron perseguidos y asesinados en las tiranías sucesivas de los tiempos patrios ni siquiera tuvieron un entierro. Y el director del film no lo oculta, al contrario, se reserva el final para relatar esa ausencia en una inmensa y angustiante toma aérea desde el cementerio hasta el Río de la Plata. Final que fue -según relató Prividera- lo primero que apareció cuando imaginó esta película.
“En el plano final queda clarísimo: no es lo mismo un cementerio que el otro, la película trata de eso”, asegura el director.“Incluso, la frase de Massera está puesta adrede porque si hay una tesis en la película es justamente la contraria. Es una frase tomada del alegato del juicio a las Juntas, donde Massera dice: ‘pasada la guerra todos los muertos son de todos’. Y no todos los muertos son de todos, claramente, hay muertos que tienen ese panteón glorificador y hay otros que ni siquiera tienen una tumba, entonces no hay manera de igualarlos”.
Por esa razón, Prividera se permite una licencia poética y lee en el cementerio de la Recoleta a escritores desaparecidos para contraponer a sus verdugos. Podría decirse que su inclusión en la película, aún rompiendo la propia regla de juego que propone el relato, es imprescindible y necesaria.
Como la de Evita, que ofrece un descanso conmovedor después de los crudos testimonios del despotismo de los próceres. Sus restos descansan en el mismo cementerio pero sus palabras, seleccionadas de “Mi mensaje”, la devuelven a la “ignominiosa raza de los pueblos”.
“De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo, mareada por las alturas del poder y de la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren los descamisados y los otros me odian y me calumnian”, enunció Eva Perón y el film lo revive.
Así, la película transita más de 200 años de historia argentina en fragmentos de escritos trascendentes. Empieza con el himno nacional en conjunción con las imágenes más violentas de las que haya registro y culmina interpelando subjetividades con un plano que une el cementerio y el río mientras se oye el coro “Va, pensiero” de la ópera “Nabucco” de Verdi.
Pero antes del final, el film retrocede en la Historia y vuelve a Mariano Moreno. “La frase de Moreno es un llamado de atención que en cualquier época viene bien”, dice Prividera. Y luego la repite como un mantra: “Los pueblos no se ilustran si no se le garantizan sus derechos. Si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestro destino mudar de tirano sin derribar la tiranía”.
“Tierra de los Padres” no es como afirmaron algunos medios, una película que retrata la violencia de dos bandos antagónicos, sino una crítica a quienes desde sus lugares de poder -y todavía desde sus glorioros mausoleos- se imponen de manera cruel sobre los oprimidos, los discriminados, los ignorados, los vencidos. Y aunque éstos no tengan tumbas ni estatuas, sus palabras vivirán por siempre.
FICHA TECNICA:
Tierra de los Padres, Argentina 2012. Duración 100 minutos.
Con la participación de: Maricel Alvarez, Martín Kohan, Susana Pampín, Emilio Garcia Wehbi, Alejandro Tantanian, Lucía Cedrón, Mariana Enríquez, Gustavo Fontán, Carlos Gamerro, Gustavo Nielsen, José Campusano, Ricardo Ibarlucía, Felix Bruzzone.
Guión y dirección: Nicolás Prividera.
Producción Ejecutiva: Pablo Ratto.
Coordinación de Producción – Asistencia de dirección: Evangelina Loguercio.
Fotografía y cámara: Ada Frontini.
Sonido: Horacio Almada.
Edición: Amalia Herdt.
Hasta el miércoles 11 de julio se proyecta en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín ubicada en Avenida Corrientes 1530, a las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas.