Los hermanos Coen regresan con The Ballad of Buster Scruggs


Los Coen presentan una fábula de vaqueros, perros y gallinas
Los directores compiten en Venecia con ‘The Ballad of Buster Scruggs’, un wéstern narrado en seis cuentos

Un vaquero avanza con su caballo por la pradera desierta. Con su guitarra y su voz, entona una canción a lo que más falta por esos lares: agua. Aunque no hay nadie para escucharle, solo su caballo. Bueno, y decenas de espectadores que ya han empezado a reírse. Arranca así The Ballad of Buster Scruggs, la nueva película de los hermanos Coen, presentada este viernes en la competición del festival de Venecia. Y su firma no podría lucir más clara: los seis cuentos que componen esta antología fílmica del wéstern reflejan su sello del primero al último instante. Seis relatos que bien se podrían haber narrado en cualquier salón del lejano Oeste. O al calor de una hoguera en una noche bajo las estrellas. Con humor negro, violencia, palabras hirientes como un revólver y viajes frecuentes a la frontera. Del surrealismo.

“Nadie está haciendo estas películas de episodios. Queremos que vuelvan”, ha explicado Ethan Coen, en su rueda de prensa. “Hemos escrito estas historias durante 25 años. No sabíamos qué hacer con ellas. Nos planteamos que cada una fuera una película. Pero cuando las juntamos, aunque sean muy distintas por tono y género, tenían grosso modo el mismo argumento”, ha agregado Joel. En efecto, la película mezcla a un pistolero mucho más rápido de lo que su cara dé a entender, un viejo en busca obsesiva de oro o una diligencia donde una ultracatólica y un chiflado cazador discuten sobre cuánto se parecen los humanos a los hurones. Pero, en el fondo, The Ballad of Buster Scruggs habla del cambio y la repetición, del paso del tiempo, de cómo afrontarlo y dónde conviene poner los límites del deseo y la ambición, de la efímera huella de los hombres.

“Teníamos muy clara desde el principio la secuencia de las historias. La película tiene una progresión: empieza más cerca de la comedia y se va haciendo más oscura”, ha agregado Joel Coen. Aunque quizás sea con el tercer capítulo, en el que el teatro afronta la amenaza de otros entretenimientos, donde alcanza su máxima expresión. En Sangre fácil, celebrado debut de los hermanos, se decía: “Todo siempre puede ir mal, aunque seas el presidente de EE UU o el papa”. Ha valido también para ellos mismos. Porque, entre cumbres gloriosas, de Fargo a El gran Lebowski, hasta No es país para viejos, su filmografía ha cogido también derroteros menos convincentes, hasta decepcionar a muchos con su anterior trabajo, Ave César. Aquí, dos años después, retoman un filón preciado. Y, de paso, también asombran al público con las asombrosas localizaciones que escogieron con extremo cuidado.

“No considerábamos esta película como un western. Claramente lo es, pero se trataba más de mirarse en el espejo”, ha añadido Joel. Por eso negaron posibles comparaciones con Dos hombres y un destino o incluso con su propio filme del Oeste, Valor de ley. Esta película también se distingue por su distribución: tiene a Netflix detrás, así que se difundirá sobre todo online. “Las decisiones principales llegaron antes de subieran a bordo. La plataforma no importa”, ha dicho Joel. Ethan ha añadido: “Para nosotros es importante el hecho de que también llegue al cine, para que quien quiera verla en gran pantalla lo pueda hacer”. Finalmente, Joel Coen ha roto otra lanza a favor de Netflix: “Financian películas que no son mainstream, y eso es muy importante. Es un modo para mantener viva esta forma de arte”.

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