Las hijas de Demi Moore y Bruce Willis: adicciones y excesos


La vida de lujo, excesos y exposición mediática de las hijas de Demi Moore y Bruce Willis
Rumer, Scout LaRue y Tallulah Willis muestran en Instagram cómo han superado sus adicciones y se pronuncian contra los cánones de belleza o la desigualdad de las mujeres

Rumer Willis, Bruce Willis, Tallulah Willis, Demi Moore y Scout LaRue Willis en el debut de Rumer en Broadway, Nueva York, en el musical ‘Chicago’, en septiembre de 2015.
Sus padres son dos de los actores de Hollywood más reconocidos a nivel mundial, pero Rumer, Scout y Tallulah Willis, hijas de Demi Moore y Bruce Willis, han conocido lo peor de vivir una vida de lujo, abundancia, excesos y exposición mediática, y todo ello lo han compartido a través de sus redes sociales. Entre las tres suman casi un millón de seguidores solo en Instagram, y en esta plataforma se han mostrado sin secretos todo tipo de momentos, desde la felicidad que han sentido al superar sus adicciones —las tres han tenido problemas de desintoxicación— hasta éxitos laborales, celebraciones familiares y críticas contra los cánones de belleza o la desigualdad de las mujeres.

Las tres jóvenes son fruto de los 13 años de matrimonio (1987-2000) entre los actores y literalmente, han nacido bajo los focos. De hecho, para el nacimiento de la primogénita, Rumer Willis, su madre Demi Moore contrató un cámara que filmó el momento. Desde entonces, han crecido entre cámaras y ahora son ellas quienes acostumbran a airear su vida. Además del cariño que se tienen y la confianza que comparten —no dudan en fotografiarse juntas y desnudas en un jacuzzi para Instagram—, les une la experiencia de haber pasado por momentos complicados, al igual que ocurrió con sus padres en el pasado.

La primogénita, Rumer Willis (1988) ha sufrido desde muy joven la presión de los tabloides estadounidenses, que publicaban cada movimiento que hacía. Hoy es ella quien comparte imágenes sobre su trabajo como actriz, además de mensajes de calado mucho más personales. Uno de los más conmovedores lo publicó el verano pasado, cuando anunció que llevaba seis meses sobria, aunque nunca especificó de qué adicción se había liberado. “Quería compartir esto porque estoy muy orgullosa de mí misma. Ayer celebré seis meses estando sobria”, escribió en un post, en el que añadió que nunca había estado más orgullosa de sí misma.

Su hermana mediana, Scout LaRue Willis (1991), comparte con ella el talento para el baile y la actuación, pero le gana en rebeldía. Utiliza sus redes sociales para criticar la censura de Instagram, y son habituales sus imágenes con las axilas sin depilar y en contra de censurar los pezones femeninos, motivo por el cual le llegaron a suspender la cuenta.

LaRue ha tenido problemas con el consumo de alcohol y con la Justicia —utilizó un documento de identidad falso para comprar alcohol, y fue arrestada por la policía y condenada a hacer servicios comunitarios— y, al igual que sus hermanas, también ha hecho pública su desintoxicación. El año pasado dijo haber comenzado “a vivir completamente el presente, sin filtro, sin ayudas químicas o soluciones fáciles”.

Tallulah (1994), la más pequeña, ha sido la que, tal vez, lo haya pasado peor. Además del consumo de alcohol y drogas, la joven ha sufrido una enfermedad psíquica llamada trastorno dismórfico corporal, que consiste en tener una preocupación desmesurada por el aspecto físico. Como es habitual en la familia, todo ha quedado documentado en las redes sociales donde, en el caso de estas tres hermanas, los mensajes de ánimo suelen superar a las críticas…

Ella misma compartió una fotografía en Instagram en la que aparecía con un cigarrillo, una lata de cerveza y una delgadez extrema que evidenciaba un problema, acompañada de un texto en el que celebraba el orgullo de “permanecer sobria”. Hoy, un año después, Tallulah se dedica al diseño —tiene su propia firma de moda, Buuski— y dice haber dejado atrás los tiempos en los que se castigaba “por no ser suficiente”.

Además de estas historias tan personales, las tres jóvenes muestran con naturalidad fotografías de sus momentos familiares. Sus favoritas son las que aparecen con su madre, a quien presentan como si fuera una hermana más, pero su padre siempre está presente. El divorcio Willis-Moore, en junio de 1998, no desintegró la familia, que mantiene una excelente relación y se reúne con asiduidad.

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