Gulabo Sapera, la bailarina a la que enterraron viva al nacer

La extraordinaria historia de Gulabo Sapera, la bailarina india hija de un encantador de serpientes a la que enterraron viva al nacer

Cuando baila, Gulabo Sapera siente que está en otro mundo.
Gulabo Sapera es una de las bailarinas más famosas de Rajastán, un estado en el norte de India.

Su danza le ha valido el reconocimiento internacional y la ha llevado a bailar en diversas partes del mundo.

De origen extremadamente humilde, fue gracias al inusual carácter de su familia y a la intervención de su tía que no solo logró cumplir su sueño de ser bailarina.

También consiguió llegar a la edad adulta, pese a haber nacido en una comunidad donde la práctica de enterrar a las bebés mujeres recién nacidas para matarlas era algo habitual.

Una por familia
Gulabo creció en una comunidad nómada que viajaba de lugar en lugar para entretener al público encantando serpientes.

“Acampábamos afuera de los pueblos y ciudades. Nos mantenían separados del resto de la sociedad y solo nos dejaban entrar cuando tenían trabajo para nosotros”, cuenta Gulabo.

“Era una vida dura, por eso en nuestra comunidad no se podía tener muchas niñas. Se permitía como mucho una por familia”.

“La gente era muy pobre y no tenía dinero suficiente para la dote y para casar a sus hijas”.

“Por eso a veces, cuando nacían, simplemente las enterraban vivas”.

Hija de la tierra
La situación en la familia de Gulabo era distinta. Cuando ella nació, sus padres ya tenían tres hijos y tres hijas. Gulabo fue la séptima.

“Cuando nací, mi papá estaba en el mercado. Durante el parto, mi mamá se quedó inconsciente y entonces vinieron unas mujeres y me apartaron de su lado”, explica la bailarina.

“Como yo era niña, otros miembros de la comunidad dijeron que había que enterrarme y dejarme morir. Así que cavaron un fosa poco profunda y me cubrieron de pasto y tierra”.

Poco después, su madre se despertó y preguntó por ella.

“Cuando se enteró de que me habían enterrado se puso a llorar y dijo que mi padre se enfadaría porque ya tenía tres hijas y no creía en esa práctica”.

La comunidad se opuso argumentando que no tendrían cómo mantener tantas niñas, hasta que su tía materna se involucró en la conversación.

“Una hora después de que me hubiesen enterrado, a eso de la medianoche, mi madre se levantó y fue junto con mi tía a desenterrarme”.

“Me encontraron viva, todavía respirando”, dice.

Al día siguiente la comunidad se reunió y manifestó su indignación por lo que había ocurrido.

Pensaron que era una bruja por haber sobrevivido y les ordenaron matar a la niña, amenazando que si no lo hacían, lo harían ellos.

Su padre la defendió. Dijo que precisamente por sobrevivir era una persona especial y por ello merecía vivir.

“Es hija de la tierra”, dijo.

Primeros pasos

Los encantadores de serpientes son bienvenidos en ferias y mercados.
Temiendo por la vida de la pequeña, su padre la mantuvo siempre cerca, incluso cuando estaba trabajando.

Él era un encantador de serpientes y así fue que Gulabo empezó a bailar con ellas, desde que tenía dos años.

“Yo no me crié con mis hermanos sino con las serpientes. Bailaba con ellas enroscadas alrededor de mi cuello”.

Aunque no a todos en la comunidad les gustaba la idea, la dejaron bailar durante los festivales y ferias a cambio de dinero y comida.

El resto del tiempo, lo tenía prohibido.

Sin huesos

Disgustados por el baile de la niña, la comunidad presionó a la familia para que la dieran en matrimonio a un hombre 30 años mayor que ella.

Gulabo sufrió más tarde un accidente en bicicleta y se rompió la pierna.

La boda aún no había ocurrido y cuando la familia de su futuro esposo se enteró del accidente, preocupados de que ella no pudiera trabajar, disolvieron la unión.

Gulabo pidió que nunca más la entregaran en matrimonio y que la dejasen bailar.

En algunas comunidades indias los bebés varones son mucho más valorados que las niñas.
Y fue así como durante una actuación en una feria, cuando tenía siete años, la comisión de turismo local la descubrió: la niña era tan flexible que bailaba como si no tuviera huesos en el cuerpo.

Le pidieron que bailara más tarde en una sala especial delante de invitados extranjeros, a los que dejó fascinados.

“Me gustó tanto bailar en un escenario, era como bailar en un templo y el público era Dios”, dice con emoción.

La comunidad reaccionó con furia y rechazó a la familia entera.

Más importante que la danza
Gulabo siguió bailando para el departamento de turismo ante público extranjero hasta que la invitaron a bailar en Estados Unidos.

Para ese entonces no era una niña sino una adolescente.

Para ella fue un sueño: fue la primera niña de su pueblo que se subía un avión.

En su viaje bautizó a su danza con el nombre de su comunidad: “Danza de sapera”.

Sin quererlo, se convirtió en embajadora de la cultura de Rajastán e India en el extranjero.

Gulabo fue ganando fama y prestigio gracias a su danza.

Viajó a Reino Unido donde bailó ante la reina y también viajó a Francia, Dinamarca y otros países.

Hoy tiene cinco hijos, varios discos —ya que también sabe cantar—, es líder de su comunidad en India y enseña su arte en todo el mundo.

Gulabo recuerda que gracias a su éxito, cuando regresó de su gira por Estados Unidos, su comunidad dejó de matar a las bebés mujeres.

Y eso, dice, fue su mayor logro. Mucho más importante que el éxito que obtuvo como bailarina.

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