Feltrinelli, el millonario guerrillero y sus sueños socialistas

Giacomo Feltrinelli: el millonario editor italiano que soñaba con crear en Cerdeña la Cuba del Mediterráneo y murió como guerrillero

Giacomo Feltrinelli se codeó con Fidel Castro (en la foto) y el Che Guevara.
“Cambiar el mundo con los libros, combatir la injusticia con los libros”.

Ese era el lema de Giacomo Feltrinelli cuando en 1955 decidió crear en Milán la Editorial Feltrinelli, casi con seguridad la más famosa de Italia.

Una gigantesca cadena que hoy cuenta con 124 puntos de venta en 58 ciudades del país y que tiene millones de libros en sus catálogos.

Pero lo que no todos saben es quién era Feltrinelli, el creador de ese imperio, un hombre con una vida de película, con una historia tan fascinante como rocambolesca.

Un millonario que decidió abrazar la causa revolucionaria, que se codeó con Fidel Castro y el Che Guevara, que acarició el sueño loco de convertir la isla italiana de Cerdeña en la Cuba del Mediterráneo.

Giacomo Feltrinelli creó en Milán en 1955 la editorial Feltrinelli, quizás la más famosa de Italia.
En los 70 fundó un grupo armado de extrema izquierda y murió en la clandestinidad, al explotarle una bomba casera con la que pretendía cometer un atentado en Milán.

El artefacto estalló antes de tiempo y acabo con Osvaldo, el nombre de guerra por el que se hacía llamar Giacomo Feltrinelli.

Nadie mejor que su hijo, Carlo Feltrinelli, presidente del grupo, para contar la historia de ese personaje excesivo. Y así lo ha hecho en Senior Service, un libro que debe su título a la marca de cigarrillos preferida de su padre, en el que repasa sus andanzas y en el que no faltan los episodios de espionaje ni las bombas.

El libro —que presenta en el Hay Festival de Cartagena, que se celebra esta semana en la ciudad colombiana— refleja también a la perfección la convulsa situación política de la Italia de los 60.

Millonario y comunista
Feltrinelli nació en Milán en 1926, en el seno de una de las familias más ricas y poderosas de Italia. Esquiaba en los lugares más selectos de Suiza, iba a cazar en Austria y se educó en su casa bajo la dirección de varios tutores, como acostumbraban a hacer las familias pudientes de la época.

“Fui educado de la forma más ortodoxa posible desde el punto de vista burgués, con institutrices, comodidades, viajes, etc.”, dejó escrito en una nota autobiográfica que Carlo publica en su libro.

Llegó Mussolini y los Feltrinelli —cautelosos, moderados y sobre todo monárquicos y conservadores— arrugaron con desagrado la nariz.

Y la arrugaron más cuando en 1943 Mussolini llegó a Gargnano y decidió instalarse en su casa, en la Villa Feltrinelli, situada en la localidad San Faustino y hoy reconvertida en hotel de lujo.

Feltrinell también conoció al director de cine Alfred Hitchcock.
Fue un año después cuando Feltrinelli, que aún no había cumplido los 20 años, decidió unirse a los partisanos que peleaban contra Mussolini. Para entonces ya hacía nueve años que había muerto su padre, dejándole en herencia a él y a su hermana Antonella la mayor fortuna de Italia.

Feltrinelli era millonario, sí. Pero concienzudamente de izquierdas. Así que tras su experiencia como partisano, al acabar la guerra decidió inscribirse con 24 años en el Partido Comunista Italiano.

Explicó los motivos que le llevaron a tomar esa decisión en una ficha autobiográfica que presentó a la dirección del partido y que se recoge en Senior Service.

“En 1936 mi madre adquirió una gran casa con jardín en cuyo acondicionamiento trabajaron durante algunos años obreros, peones y campesinos. Enseguida me hice amigo de ellos y por primera vez conocí un mundo diferente del mundo dorado en el que yo vivía. A través de ellos aprendí a conocer las condiciones, la vida menesterosa que los obreros se veían obligados a llevar, sus esfuerzos para mantener a sus familias, la insuficiencia de su salario, la constante amenaza de quedarse sin trabajo. Me di cuenta de que había dos categorías sociales muy diferentes y separadas entre sí”.

Convencido de que a través de los libros se podía hacer la revolución, empezó a publicar a los clásicos marxistas, panfletos comunistas, ediciones baratas para obreros, ensayos de denuncia… Pero, poco a poco, fue ampliando su campo de acción y abriéndose a la literatura. Hasta que en 1955 fundó la editorial Giacomo Feltrinelli.

La gigantesca cadena hoy cuenta con 124 puntos de venta en 58 ciudades del país y que tiene millones de libros en sus catálogos. (Foto: Grupo Feltrinelli)
Su gran golpe literario tuvo lugar el 23 de noviembre de 1957. Ese día, ganándole el pulso a las editoriales estadounidenses y francesas que se lo disputaban, Feltrinelli publicó en exclusiva mundial el libro “El doctor Zhivago”, la famosa novela del ruso Boris Pasternak en la que se narraba el lado más oscuro de la Revolución de Octubre o bolchevique, acontecida en la Unión Soviética del 6 al 8 de noviembre de 1917.

Solo en el primer año se imprimieron 31 ediciones. Pero el libro no le gustó nada a las autoridades soviéticas, que no solo lo prohibieron sino que a partir de ese momento sometieron al autor a una terrible persecución intelectual y le obligaron a vivir los últimos años de su vida en la pobreza y el aislamiento más absolutos.

Ni siquiera le permitieron ir a recoger el Premio Nobel de Literatura que le fue concedido en 1958.

La nutrida correspondencia privada entre Fetrinelli y Pasternak ocupa numerosas páginas del libro escrito por su hijo, quien también se hace eco de cómo al Partido Comunista Italiano no le gustó nada que el camarada Feltrinelli, al que siempre habían mirado con sospecha por su inmensa fortuna, hubiera puesto en evidencia a las autoridades soviéticas.

Lo consideraron un reaccionario, un traidor, así que le echaron del partido.

“Tras la publicación de la novela, debió soportar la ofensiva del Partido Comunista Italiano, puntual como un reloj suizo”, relata su hijo.

En el libro Senior Service Carl Feltrinelli, el hijo de Giacomo Feltrinelli, cuenta la fascinante historia de su padre.
Feltrinelli decidió concentrar su atención en los movimientos revolucionarios que entonces tenían lugar en América Latina. Viajó en numerosas ocasiones a Cuba durante los 60, entrevistándose con Fidel Castro.

“A finales de la primavera de 1968 le llega una invitación urgente de La Habana. No le dicen cuál es el motivo, pero debe ser algo muy importante. Cuando aterriza, comprende que Castro quiere entregarle a él y a (François) Maspero, el editor francés, una copia del diario que el Che escribió en Bolivia”, relata su hijo en su libro.

Ese mismo año Feltrinelli publica el diario en el que Ernesto Guevara narraba sus 11 meses como guerrillero en Bolivia y que también se convirtió en un éxito de ventas.

“Aunque el libro no se hubiese vendido lo habría publicado igualmente, porque los escritos del Che son escritos necesarios”, dijo en alguna ocasión “Osvaldo”, quien también fue el que dio a conocer al mundo la famosa foto del Che en la que se ve al guerrillero con una boina negra y mirando a lo lejos.

Fue coincidiendo con la publicación de los diarios de Bolivia del Che cuando a Feltrinelli se le metió en la cabeza la idea de transformar la isla italiana de Cerdeña en la Cuba del Mediterráneo, para lo cual pretendía poner en marcha una revolución similar a la protagonizada por Castro y el Che.

Su hijo lo revela asegurando que existían “razones de peso” para que su padre se ocupara de Cerdeña.

Feltrinelli acarició el sueño loco de convertir la isla italiana de Cerdeña en la Cuba del Mediterráneo.
Clandestinidad
Para entonces, Osvaldo ya se había deslizado hacia el terreno de la violencia política.

Consideraba “la guerrilla como síntesis absoluta de la lucha política y militar”, en palabras de su hijo.

No solo financiaba a grupos de extrema izquierda sino que mantenía contactos con líderes de grupos armados — incluidos los fundadores de las Brigadas Rojas, organización a la que se atribuyen 84 muertos—. Vivía en su propia y particular realidad, en el estado paranoico que marcó los años de la Guerra Fría.

Cuando el 12 de diciembre de 1969 una bomba estalló en la Plaza Fontana de Milán, matando a 18 personas y dejando 84 heridos, y empezó a correr la voz de que el atentado había sido obra de grupos neofascistas, a Feltrinelli se le dispararon las alarmas.

Empezó a ver una conspiración entre el Estado italiano y la extrema derecha, “probablemente se imagina que están montando pruebas falsas contra él”, señala su hijo.

Tan convencido estaba de ello que de un día para otro Osvaldo, uno de los hombres más poderosos de Italia, decidió pasarse a la clandestinidad. Y no solo eso: en 1970 fundó su propio grupo armado: el Grupo de Acción Partisana.

“Querido Carlino: Tú sabes que papá está del lado de los obreros, que le parece injusto que un obrero deba trabajar para enriquecer al patrono. Y como tu padre está del lado de los obreros, aunque tenga dinero, y, además, con ese dinero imprime y publica libros que defienden la causa de los obreros, los patronos, los ricos, han organizado una violenta campaña contra él”, escribe el 29 de enero de 1971 a su hijo para felicitarle por su octavo cumpleaños.

A más de cuatro décadas de la muerte de Giacomo Feltrinelli (en la imagen con su esposa y su hijo Carlo), ésta
sigue rodeada de un halo de misterio. (Foto: ©Herederos de Ugo Mulas)
Todo acabó el 14 de marzo de 1972. Osvaldo intentaba, con otras dos personas, volar una torre de alta tensión a las afueras de Milán con el objetivo de dejar la ciudad a oscuras.

Pero el artefacto estalló antes de lo que estaba previsto y mató a un hombre. Algunos días después se informó de que el cuerpo que había saltado por los aires a causa de la explosión era el de Feltrinelli.

Desde entonces han pasado 45 años. Pero en Italia un halo de misterio sigue rodeando la muerte del editor.

Muchos aún se preguntan si falleció realmente mientras colocaba una bomba o si su muerte no habría sido un asesinato político. Esta última, una teoría muy feltrinelliana.

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