Macri sume a Argentina en otra crisis financiera con su modelo


La apuesta por el FMI expone la debilidad del modelo de Macri
El anuncio calma a los mercados, pero genera inquietud sobre las condiciones que exigirá el fondo

El entusiasmo financiero por Argentina se ha desvanecido. En dos semanas, Mauricio Macri ha visto cómo el país pasaba de ser una de las estrellas de los mercados internacionales a tener que pedir un rescate al Fondo Monetario Internacional. Esta jugada arriesgada ha aquietado por ahora los mercados, pero ha revivido en los argentinos los fantasmas de sus peores crisis económicas. La bolsa subió este miércoles un 6% y el peso se depreció sólo un 1,3% frente al dólar, tras caer más de un 5% el martes. Argentina ha vuelto a demostrar que es imprevisible y nadie se atreve a aventurar si durará la calma.

Todos los países emergentes han sufrido turbulencias desde que Estados Unidos subió sus tipos de interés y atrajo dólares hacia un refugio más seguro, pero sólo Argentina ha recurrido al salvavidas de emergencia del FMI en mitad de la tormenta. ¿Por qué Macri ha tomado esa decisión tan impopular? Para los economistas cercanos al Gobierno, se trata de una medida “preventiva” para tranquilizar los mercados y cortar “el pánico cambiario” que se apoderó de los argentinos al ver que su moneda se desplomaba. Los más críticos advierten que puede ser peor el remedio que la enfermedad y que el FMI impondrá duras condiciones para acceder al crédito.

En un contexto internacional de gran liquidez, numerosos fondos de inversión apostaron por Argentina atraídos por las ganancias fabulosas que proporcionaban tipos de interés superiores al 25%, únicos en el mundo, y un peso estable. Pero la salida de capitales incentivada por la subida de la tasa de referencia en Estados Unidos ha dejado al descubierto problemas estructurales de Argentina, su gran dependencia de la financiación externa para pagar el déficit fiscal y el nerviosismo de una población acostumbrada a ver en la subida del dólar la cercanía de una crisis. También ha recordado que Macri tiene minoría en el Congreso y el peronismo buscará reinventarse en esta crisis para volver al poder.

“Argentina ha iniciado conversaciones con el FMI para asegurarse financiación. Es un paso en la dirección correcta y otra medida para calmar los mercados”, aseguró a sus clientes Claudia Calich, gestora del fondo M&G Emerging Markets Bonds y experta en mercados emergentes. “El objetivo en este caso es, para los dos lados [Gobierno argentino y FMI], dar estabilidad para que Argentina no vuelva a sus fallidas políticas populistas bajo una nueva administración”, agregó Calich, convencida de que la inyección del organismo internacional dará liquidez a la economía argentina hasta fines del año que viene, cuando Argentina celebra elecciones presidenciales.

El Gobierno de Macri intentó frenar la corrida bancaria y la depreciación del peso con bruscas subidas de los tipos de interés -hasta el 40%-, venta de reservas internacionales y un programa fiscal de mayor austeridad. Pero no fueron suficientes. “[Ir al FMI] es una medida preventiva para tranquilizar a los mercados. Lo que les gusta ver es que hay plata y en la medida en que Argentina demuestre que tiene alternativas de financiación, como un préstamo del FMI, da tranquilidad”, dice Miguel Kiguel, director de Econviews. Kiguel confía en que el FMI apoye a Argentina y su crédito “puede dar oxígeno a la economía” y permitir que el Gobierno continúe con las reformas pendientes de forma gradual.

Una de las prioridades, según los economistas, es reducir el déficit argentino. La diferencia entre ingresos y egresos fue del 3,9% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2017 y el equipo económico de Macri ha prometido bajarlo hasta el 2,7% este año con un ahorro del gasto público de 3.000 millones de dólares. La otra es contener la inflación, que supera el 25%.

“La solución del FMI es patear la pelota hacia adelante”, se opone Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora. “Es posible que en el corto plazo pese más lo positivo, que hay dólares, pero hay que ver qué condicionamientos pone el FMI y si Argentina los puede cumplir”, agrega. “Según se desprende del último informe sobre Argentina del organismo hay varios frentes sobre los que podría operar la condicionalidad: mayor ajuste fiscal, cambios impositivos, reforma laboral y apertura comercial”, apunta Cecilia Allami, investigadora de la Universidad Nacional General Sarmiento.

El 1 de marzo, Macri inauguró el año parlamentario con un discurso optimista en el que aseguraba que “lo peor ya pasó” y auguraba años de crecimiento. “¿Hace dos meses decían que estaba todo bien y ahora tenemos que ir al FMI? Puede salir el tiro por la culata”, advierte Alfie al señalar que puede aumentar la desconfianza de los inversores y de la población en el Gobierno en vez de disminuirla.

Malestar creciente
Para los economistas ortodoxos, la credibilidad comenzó a resquebrajarse en diciembre, cuando el Gobierno modificó las metas de inflación y presionó al Banco Central para que bajase los tipos de interés a pesar de la escalada de precios. Tampoco fue bien recibida la intervención de la autoridad monetaria para evitar que el peso perdiese valor ni el tiempo que tardó en aplicar medidas más duras. “Tasas del 40% no son sostenibles en el mediano plazo pero adoptarlas fue necesario para cambiar expectativas en el corto plazo. Si en 30 días no comienzan a bajar esas tasas, entonces esto sería la manifestación de que estamos en problemas serios”, dice el exministro de Economía José Luis Machinea.

Machina destaca que el Gobierno cometió “un error de política económica” al intentar corregir de forma simultánea el atraso cambiario y los precios de los servicios públicos. La pérdida de valor del peso, sumada al enorme incremento de las facturas de luz, gas, agua y transporte público de los últimos meses, han golpeado el bolsillo de los argentinos y generado un malestar que alcanza incluso a los votantes de Macri. En su peor crisis desde que asumió, el Gobierno confía en que el préstamo del FMI le proporcione oxígeno para afrontar la tormenta. Mientras, los inversores financieros observan de reojo los movimientos de la oposición. Si ven que pueden plantar cara a Macri, costará encontrar una medida económica que los convenza.

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