La intransigencia de Trump atora las negociaciones para reabrir el gobierno


La línea dura de Trump dificulta la negociación para reabrir la Administración de EE UU
El líder republicano en el Senado convoca otra votación en la madrugada del lunes. La oposición se mostró dispuesta a financiar el muro con México, pero Trump pidió más fondos

La pelea continúa. Republicanos y demócratas siguen negociando a contrarreloj la reversión del cierre de la Administración federal. Tras la fracasada votación del viernes por la noche, ambas fuerzas buscan una vía para evitar que el apagón burocrático llegue al lunes. Las posibilidades de un acuerdo no son menores, pero el bloqueo es evidente. Ninguno de los partidos ha cedido de momento un ápice. Y las diferencias aún son enormes.
Los republicanos siguen sin aceptar una mejora para los dreamers a cambio de que los demócratas apoyen prorrogar los fondos. Bajo las directrices del presidente Donald Trump, no están dispuestos a validar ningún pacto sobre “inmigrantes ilegales” si no se restablece antes la financiación federal.

Ante esta situación, el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, ha convocado una votación a la una de la madrugada del lunes. La propuesta que presentará estará limpia de cualquier añadido. Contendrá solo una extensión de la financiación federal hasta el 8 de febrero. La idea es invertir la carga y hacer recaer la responsabilidad sobre los demócratas. Es decir, en caso de que voten en contra, mostrarles ante la opinión pública como los culpables de las oficinas cerradas. “El pueblo americano no puede entender por qué los líderes demócratas creen que todo el Gobierno debe permanecer cerrado hasta que se acuerde lo que quieren en inmigración ilegal”, dijo McConnell.

Donald J. Trump
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@realDonaldTrump
Democrats are holding our Military hostage over their desire to have unchecked illegal immigration. Can’t let that happen!

El movimiento es un reconocimiento implícito del bloqueo en que ha entrado la negociación. Las exigencias de Trump son, de momento, todavía muy altas. Un ejemplo de ello lo da una de sus peticiones prioritarias: financiar el muro con México a cambio de restablecer la protección a los dreamers (los inmigrantes que entraron en EEUU siendo menores y que gozaban de cobertura legal por un programa de Obama). La petición intentó ser satisfecha en la fracasada negociación del viernes por el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer. Es una anatema para los progresistas, pero como explicó el mismo Schumer, lo ofreció para salvar a los 700.000 dreamers sobre los que pende la amenaza de deportación. La propuesta no prosperó porque Trump insistió en exigir 18.000 millones de dólares para la obra, una cantidad que los demócratas consideraron exorbitante.

Rotos los puentes, Trump y los republicanos han puesto como condición para alcanzar cualquier avance la aceptación de la prórroga de los fondos federales. O eso o nada. Un juego binario en el que el presidente participó. “Los demócratas están utilizando a nuestros militares como rehenes para sus deseos de tener inmigración ilegal sin vigilancia. No podemos dejar que esto suceda”, afirmó el presidente Donald Trump en un
tuit.
Para aumentar la presión sobre la oposición, cuyo voto es necesario para reanudar el flujo financiero al gobierno, la Casa Blanca y los líderes republicanos han puesto en marcha una estrategia que culpa a los demócratas de los efectos del cierre. “Es un cierre innecesario, no hagamos pagar a los ciudadanos. En Washington hacemos cosas raras, pero esto es una completa locura”, dijo el líder en el Congreso, Paul Ryan.

Para los demócratas es importante que la culpa recaiga en la Casa Blanca. Las elecciones intermedias (renovación de toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 39 gubernaturas) se celebran en noviembre y cualquier mal paso puede afectarles. Aunque en los cinco comicios estatales celebrados en 2017 han ganado, las posibilidades de derrota no se han apagado. Diez reelecciones demócratas al Senado se celebran en territorios donde Trump venció a Hillary Clinton en las pasadas presidenciales.

Consciente de este temor, McConnell activó la votación del lunes. A su favor jugó el frenesí que se apoderó de Trump en Twitter. Durante toda la mañana, el presidente estuvo enviando mensajes en los que responsabilizaba a los demócratas y eludía su papel.

No es la primera vez que se cierra la Administración. El shutdown ya ocurrió en 1994, 1995, 2013 y con mucha más frecuencia en los años setenta y ochenta con los presidentes Jimmy Carter y Ronald Reagan. Tampoco supone su paralización completa. El cierre afecta a un 38% de empleados “no esenciales” y mantiene activos a aquellos destinados a tareas de seguridad, salud y defensa, así como la seguridad social.Pero el coste es inmenso y para los 16 días de paralización de 2013 ha llegado a cifrarse en 20.000 millones de dólares.

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