Trump es el artífice de romper acuerdos

El arte de no hacer acuerdos: Irán

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se enorgullece de su libro El arte de la negociación, pero hasta ahora parece un artista de cómo romper los acuerdos que estaban hechos: el del cambio climático (París), la Alianza del Pacífico y DACA, que aún cuando cuenta con el apoyo de demócratas y republicanos (no es una reforma inmigratoria integral, sino un simple acuerdo presidencial paliativo con políticas básicas de sentido común), el acuerdo con Irán (que involucra muchos otros países signatarios) y lo está intentando con NAFTA.

Lograr un acuerdo serio que sea perdurable (siempre tienen fecha de expiración), que tenga supervisión/monitoreo profesional creíble y que nos dé a los ciudadanos -y a nuestras economías- al menos una garantía, es muy complicado. Lleva años de negociaciones, reuniones de expertos y miles de páginas en documentos (muchos más caracteres que los de un tuit). Lo mismo sucede con una reforma seria en materia de salud o fiscal (que en algunos países son simples decretos ejecutivos pero que en EE.UU. fue un proyecto de ley que está lejos de ser una verdadera reforma). Entonces, por ahora, solo tenemos acuerdos rotos o leyes que ya no se pueden aplicar porque cuando no los ha podido romper, él mismo los ha saboteado. Como todo en la vida, destruir es fácil, construir difícil; sumar y aglutinar es difícil, dividir y restar es fácil.

Es propio de líderes narcisistas querer ser los creadores (o recreadores) de la vida misma. El simplismo con el que ve el mundo el narcisista es patético: antes de mí, todo estaba mal; conmigo, todo se compone. Lo que esta nefasta idea produce, no es solo pretender ser el centro de todo lo que ocurre, sino la sine qua non de todo lo que ocurra. Lastimosamente, los que hemos nacido en América Latina, reconocemos esta patología -como dice el eslógan de una famosa marca de seguros- “porque hemos visto una cosa o dos”. Conocemos muy bien a esta clase de líderes porque los hemos padecido; por suerte, la mayoría de ellos ahora está enjuiciada o tras las rejas.

El sistema del seguro médico de EE.UU. necesita ser reformulado, para enfrentar, por ejemplo, el alza continua de las primas; pero para eso, no hay desmantelar Obamacare (a pesar de que a Trump no le gusta el nombre): se necesita su actualización o reforma. NAFTA no necesita de un nuevo tratado, sino una adecuación al ritmo de los nuevos tiempos, demandas y oportunidades. La Alianza del Pacífico, luego de años de negociación necesita la participación de EE.UU. El Acuerdo de París necesita el impulso de todas sus partes y el de Irán, evitar que los extremistas tomen el poder político, eliminar su poder nuclear, modernizarse y abrirse al mundo para que no ataquen al mundo.

A un líder narcisista le encantaría tener una serie de acuerdos que lleven su nombre: Donald Trump, el arte de la negociación (versión) Irán, Nafta, Cambio Climático, Salud, Inmigración, Corea del Norte. Ese es el “rebranding” que el presidente Trump busca como legado. El problema es que hay que entender que ningún líder y menos Donald Trump, puede ser el centro de todo acuerdo porque además EE.UU. ya no es la única potencia del mundo. El mundo esta globalizado, interrelacionado y cada vez hay poderes más fuertes que tienen que entrar en la mesa de negociaciones: China, Rusia, Alemania, Inglaterra, Francia, India… Por eso, todo acuerdo toma años de negociaciones, verificaciones y actualizaciones, en las que hay muchos actores, donde todos sienten que ganan más de lo que pierden y no donde solo uno siente que cree que ganó todo.

¿Qué pasará ahora con el retiro de Washington del acuerdo con Irán? Nadie lo sabe, ni siquiera Donald Trump. El presidente consiguió lo que buscaba, ser el centro de la noticia y tener la ilusión de que puede crear otro gran acuerdo que lleve su marca: Trump. Mientras tanto, el crudo seguirá subiendo, Oriente Medio será más inestable, el medio ambiente se deteriorará más, miles de jóvenes que hicieron su vida en EE.UU. serán deportados y habrá más gente pobre con menos beneficios de salud.

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