Snowden recorre la ruta de Assange en Ecuador

Otra vez Ecuador está involucrado en un caso de asilo político que incomoda a Estados Unidos. Se repite también la
historia de un solicitante que no llega al país.


En Ecuador esperan la llegada de Snowden.

Mientras periodistas de todo el mundo se congregan en Quito, tratando -y fracasando en el intento- de ser más astutos
que el elusivo informante prófugo Edward Snowden, hay una apabullante sensación de déjà vu en Ecuador.
Ya hemos estado aquí antes. En algunos casos, en la misma habitación del mismo hotel.
La última vez que el grueso de la prensa global descendió sobre Ecuador -yo incluido- fue en agosto, cuando el
gobierno ecuatoriano le otorgó asilo político al fundador del sitio WikiLeaks, Julian Assange. En un momento parecía
que trataría de tomar un vuelo nocturno a Quito desde la embajada ecuatoriana en Londres.
Pero el gobierno británico le negó el salvoconducto para salir del país y ubicó a oficiales de policía frente al
edificio donde está la representación diplomática. Un año después, sigue encerrado en Londres.
La perspectiva de que Edward Snowden continúe en el área de tránsito del aeropuerto de Moscú dentro de un año,
afeitándose en los lavabos del lugar y alimentándose de maní de las máquinas expendedoras, sin duda dará escalofríos
a los diplomáticos rusos. Pero un enfrentamiento prolongado parece mucho menos probable en este caso.
“Destino popular”
En Quito, la gente espera por él con el mismo desconcierto que sintieron el año pasado al encontrar a su pequeño país
andino empujado a un torbellino diplomático global en torno a la filtración de secretos de inteligencia
estadounidenses.
“¡Ecuador se está convirtiendo en un destino popular!”, bromeó una mujer con la que conversé frente a una cafetería
de Quito. “Ecuador tal vez sea un poco más libre de acoger a gente perseguida por sus propios gobiernos”, intervino
otro.


Pero no todo el mundo ve el caso con esa amigable indiferencia.
“El gobierno ecuatoriano debe tomar una decisión basado en el bienestar del país”, afirma Jaime Mantilla, director
del diario ecuatoriano Hoy. “No se puede apoyar acciones que dañen la imagen del país en el exterior a pretexto de
crecer la figura del gobernante de turno (Rafael Correa)”.
Durante la crisis del caso Assange en agosto, me las arreglé para sentarme con el presidente Correa en Quito para
discutir la insinuación de que estaba usando el caso para edificar una especie de imagen de “David y Goliat” que lo
beneficiaría dentro del país, particularmente ante unas elecciones presidenciales. Rechazó la idea:
“Sí, estoy seguro de que planeamos todo esto”, respondió con afable sarcasmo. “De las revelaciones de WikiLeaks a que
Julian Assange se presentara en nuestra embajada, a la torpe diplomacia de Gran Bretaña (aparentemente por amenazar
con tomar por asalto el edificio de la embajada). ¡Así que ahí tiene su respuesta!”.
Prosiguió comparando la decisión del gobierno británico de aceptar la extradición de Julian Assange con su decisión,
tomada bajo el gobierno del entonces primer ministro Tony Blair, de no extraditar al exgobernante militar de Chile,
Augusto Pinochet, en razón a su mala salud. “Claramente hay un gran margen para la discreción, así que ¿por qué
insistir en la extradición en este caso? Esa es la pregunta que el mundo está haciendo”.

Contradicción legal
Sin embargo, la imagen de Ecuador como paladín de la libertad de expresión y los derechos humanos irrita a Mantilla,
quien también es el actual presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.
“Resulta bastante frustrante y paradójico que mientras se defiende la libertad de expresión en los casos de Assange y
ahora de Snowden, simultáneamente se haya dictado una ley de comunicación que destruye en el país esa libertad de
expresión”, dijo.
La ley específica a la que Mantilla se refiere es la Ley Orgánica de la Comunicación, que introduce nuevas y
rigurosas regulaciones a la prensa en Ecuador. La cláusula más polémica es la que lidia con lo que el gobierno
considera el “linchamiento mediático”.
Según la ley, el “desprestigio” sistemático y reiterado de una persona o agencia del gobierno puede ser sancionado
con grandes multas. Los críticos señalan que la agencia creada para hacer cumplir la nueva ley, que en esencia
decidirá la diferencia entre la crítica normal y saludable de la política gubernamental y el “linchamiento mediático”
está enteramente integrada por aliados de Correa.
Mientras tanto, continúa la espera por Snowden.
Desde la ventana de mi habitación en el hotel puedo ver las luces y antenas parabólicas de un periodista de un medio
rival en su balcón, transmitiendo esencialmente el mismo mensaje que el resto de nosotros: no está claro si o cuando
el exanalista de inteligencia llegará a Ecuador y el gobierno no ha decidido qué hará con él si llega.

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