Los vuelos del Servicio Secreto del Doble Amanecer de Qantas en la II Guerra Mundial


Los intrépidos vuelos del Servicio Secreto del Doble Amanecer: 32 horas para burlar a los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial

Los vuelos del Servicio Secreto del Doble Amanecer eran tan largos que los pasajeros alcanzaban a ver al Sol salir dos veces.
Hoy en día, puedes despegar en de Doha, cruzar 10 husos horarios y llegar a Auckland en 16 horas 20 minutos. O salir desde Dallas y aterrizar en Sídney en 17 horas sin escalas.

Nuevos modelos de aviones como el Dreamliner y el A350 han hecho que los viajes largos sean más eficientes y rentables, y varias aerolíneas se disputan el título no oficial del “vuelo de pasajeros más largo del mundo”.

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Pero ninguno le llega a los talones a los del Servicio Secreto del Doble Amanecer, “la aventura más fascinante y romántica jamás realizada por Qantas”, según dijo Hudson Fysh, el fundador de esa aerolínea australiana y el hombre que ideó el plan durante la Segunda Guerra Mundial.

La hazaña requería un vuelo a través de más de 5.600 kilómetros de cielo controlado por el enemigo.

Japón vs EE.UU.
A finales de 1941, Japón se sentía aislado, preocupado y particularmente amargado por muchas razones que se habían acumulado.
Un embargo petrolero que Estados Unidos había impuesto en agosto para detener sus ambiciones expansionistas en China fue la gota que derramó la copa.

El 7 de diciembre bombarderos japoneses atacaron Pearl Harbor en la isla hawaiana de Oahu.

Japón logró con un bombardeo lo que no habían conseguido los aliados con ruegos: que EE.UU. le declarara la guerra a Alemania.
La intención era destruir la flota del Pacífico, pero el objetivo principal -tres portaaviones estadounidenses- se encontraba en otro lugar y resultó ileso.

De todos modos, el ataque cambió el curso de la historia: Japón no sólo había tomado partido sino que despertó al “gigante dormido” y el presidente de EE.UU., Franklin Roosevelt, le declaró la guerra a Japón y a su aliado Alemania.

El Ejército Imperial Japonés, por su parte, impulsó sus ambiciones expansionistas con una serie de ofensivas en Asia.

El siguiente objetivo fue Singapur.

Como las armas defensivas británicas en el sur apuntando hacia el mar, Japón montó un audaz asalto cruzando las junglas de Tailandia y Malasia para atacar desde el norte.

Tras una semana de combates, las fuerzas aliadas, alrededor de 16.000 soldados británicos y 48.000 australianos e indios, se rindieron y se convirtieron en prisioneros de guerra.

La caída de Singapur fue vista como una humillación para los británicos.
Con la caída de Singapur, cayó también la vital Ruta del Imperio, operada conjuntamente por BOAC y Qantas Empire Airways (QEA), que hasta entonces era la conexión aérea entre Australia e Inglaterra, de manera que se hizo imprescindible establecer una ruta aérea alternativa.

Un larguísimo secreto
En 1943 Qantas, el Ministerio del Aire británico y BOAC (antes Imperial Airways) acordaron un intrépido plan propuesto por Fysh, que requería vuelos regulares entre el río Swan, en Perth, Australia, y el lago Koggala, en el sur de Ceilán (ahora Sri Lanka).

Recorriendo una distancia de 5.652 kilómetros, el vuelo sin escalas iba a ser el más largo de la historia.

Además, los pilotos debían valerse de la navegación celestial -con la ayuda de un sextante para obtener lecturas de estrellas y el Sol- para mantener el silencio de radio sobre las aguas patrulladas por aviones enemigos.

Y el secreto debía mantenerse también en tierra, lo que más tarde les causaría problemas a los tripulantes, pues no podían usar uniformes en público.

El problema era que lo que ese público veía era hombres jóvenes y sanos que aparentemente no estaban luchando en la guerra. Los tildaban de cobardes, algo que durante una guerra mundial no era cosa fácil.

A pesar de todo, el primer vuelo despegó el 29 de junio de 1943 bajo el mando del capitán Russell Tapp.

Una enrevesada misión

El Consolidated PBY es el nombre original del hidroavión más conocido como Catalina, un apodo que le dieron los británicos y que se hizo muy popular.
La tripulación de Qantas tenía mucha más experiencia que cualquier otra en vuelos largos sobre el agua gracias a una misión muy particular que había realizado hacía dos años.

En enero de 1941, Estados Unidos era país neutral no participante en la guerra, la ley internacional decía que no podía proporcionarle armas a ninguna nación que estuviera en guerra.

Lo que sí podía hacer era darle a una aerolínea civil, como Qantas, y si la aerolínea se las pasaba a un cuerpo militar cuando llegaba a otro país, como Australia, eso era asunto de ella.

Así que Qantas recibió 19 hidroaviones en Honolulu y tras largos vuelos sobre las aguas del Pacífico se los había entregado a la Real Fuerza Aérea de Australia.

Las Catalinas

La Catalina Antares, operada por Qantas, acuatiza en Koggala, tras el vuelo sin escalas Australia-Ceylon del Servicio Secreto Doble Amanecer.
Más tarde EE.UU. aprobó lo que se conoce como la Ley de Préstamo y Arriendo. En términos sencillos, significaba que podían prestarle-no venderle- materiales de guerra a amigos bajo un contrato de arrendamiento o alquiler.

Los hidroaviones Consolidated PBY de la Armada Real que el Ministerio del Aire suministró para este servicio secreto fueron algunas de las cosas que los británicos obtuvieron en virtud de esa ley.

Los británicos llamaban a ese tipo de naves “Catalinas” (nombre que terminaría por imponerse).

A las cinco Catalinas que se usarían en este servicio secreto les pusieron el nombre de las estrellas utilizadas para la navegación en la larga ruta: Rigel, Spica, Altair, Vega y Antares.

Tuvieron que ser modificadas con tanques de combustible extra para que tuvieran 36 horas de autonomía.

El peso del combustible limitó la carga a sólo tres pasajeros y 69 kilos de correo diplomático y de las fuerzas armadas.

A oscuras sobre el océano Índico

El mayor riesgo era que los japoneses los detectaran, pero cualquier falla técnica también era un grave peligro.
Los vuelos fueron programados para pasar a través de áreas patrulladas por japoneses durante la oscuridad para que no los vieran.

Oficialmente eran vuelos de aerolínea así que no tenían armas, pero sí llevaban despachos militares, por lo que si los hubiesen forzado a bajar, las tripulaciones probablemente habrían sido ejecutadas.

La experiencia demostró que 183 kilómetros por hora era la velocidad de crucero más económica con los motores ajustados según el peso para tener una combustión constante de 22 galones por hora.

Tomaba un promedio de 28 horas para completar el viaje; el vuelo más corto fue de 27 horas, pero cuando los vientos eran desfavorables podían durar hasta 32 horas… un largo tiempo para pasar en un espacio estrecho y ruidoso, preguntándose si en cualquier momento un japonés iba a derribarte.

El doble amanecer


Certificado para los que vieron dos albas en esos secretos y peligrosos vuelos.
El poético nombre de la operación -El Servicio Secreto del Doble Amanecer- se debía a que en cada vuelo veían salir el sol dos veces, algo que comprobaron los entre 648 y 860 pasajeros (dependiendo de la fuente) que tuvieron la experiencia.

A cada pasajero le entregaban un documento ilustrado nombrándolos miembros de “La Orden Rara y Secreta del Doble Amanecer”, para certificar que habían estado en el aire más de 24 horas.

Para cuando la operación terminó el 18 de julio de 1945, el Servicio Secreto del Doble Amanecer había…

completado 271 cruces del océano Índico
recorrido una distancia total de 1.539.546 kilómetros
y, lo más importante, transportado 51.600 kilogramos de correo microfilmado y 6.728 kilogramos de carga.

Al final de la guerra, las cinco Catalinas del océano Índico fueron hundidas en el mar obedeciendo al acuerdo de Préstamo y Arriendo con el gobierno de Estados Unidos.

Fue, en palabras de Hudson Fysh: “Un triste destino para estas espléndidas naves que durante dos largos años nos transportaron sin accidentes o contratiempos de ningún tipo en la operación más peligrosa que hayamos llevado a cabo jamás”.

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