Las mentiras de la campaña de Trump y su choque con la realidad

El conflicto entre las promesas de Trump en campaña y la realidad

El presidente Trump le está dando al mundo un latigazo.

Durante más de un año de campaña, apostó por posiciones que sembraron una gran angustia, amenazando con retrasar décadas de
estrategia, política y protocolo estadounidenses, a favor de lo que afirmaba sería su enfoque de empresario innovador y de
sentido común.

Pero ahora, a menos de tres meses del inicio su presidencia, Trump ha comenzado una serie de retrocesos. Sus nuevas ideas no
han sobrevivido al primer contacto con la realidad.
Ahora, anuncia cambios de opinión luego de reunirse con líderes mundiales o después de oír hablar sobre impactantes
acontecimientos en la televisión. Las políticas sobre Siria, China, la OTAN y Rusia parecen estar convirtiéndose precisamente
en lo contrario de lo que el candidato Trump había prometido.

El presidente quiere que pensemos que este es el comportamiento razonable de un hombre imbuido de grandes talentos de
liderazgo, capaz de responder a circunstancias cambiantes. Un navegante brillante, que gira el timón en el momento adecuado, o
que arruma las velas para aprovechar al máximo los vientos cambiantes.

Esa explicación, sin embargo, no está acorde con los hechos. Lo que estamos viendo es una política exterior errática, anclada
por el pensamiento superficial. Alarma a los aliados estadounidenses y desestabiliza peligrosamente al resto del mundo. (En
algunas áreas, sin embargo, Trump sigue apegado a su postura de política exterior muscular, como en el uso de la bomba no
nuclear más grande en el arsenal de Estados Unidos, que fue lanzada sobre Afganistán).

Pero Trump está cambiando de opinión porque no había pensado muy cuidadosamente acerca de sus posiciones anteriores, por lo
que el razonamiento detrás de ellos puede colapsar tras las noticias de la tarde o después de una conversación con un líder
mundial. Sólo podemos esperar que él, o sus asistentes más sabios, estén pensando más cuidadosamente en el nuevo enfoque antes
de que se convierta en política estadounidense.

Hay, sin embargo, pocas pero considerables buenas noticias en los capítulos más recientes de la versión Trump de Dr. Jekyll y
Mr. Hyde. La mayoría de los cambios que hemos visto en los últimos días reflejan el abandono de las promesas de campaña que
pintaban como muy absurdas desde el principio.

Existe la posibilidad de que Trump esté descubriendo el mundo como realmente es. Esto vendrá como un duro golpe para aquellos
que creyeron que su política de “Estados Unidos Primero” se iba a mantener como una especie de freno que obligara al
mandatario a no entrometerse en los conflictos internacionales y aplastar el actual orden mundial, tal como fue la promesa
hacia los que votaron por él en noviembre pasado.

En aquel entonces, Trump cuestionó la relación de Estados Unidos con la OTAN, criticando como “obsoleta” a la alianza que ha
sido el fundamento de la estabilidad global desde la Segunda Guerra Mundial. Acusó a China de “violar” a los consumidores
estadounidenses con sus políticas comerciales y dijo que señalaría a Beijing como un manipulador de su propia moneda “desde el
primer día”. Se comprometió a trasladar la embajada de EE.UU. en Israel a Jerusalén, también desde el primer día de su
gobierno. Dijo que mejoraría las relaciones con Rusia, alineándose con Moscú para combatir conjuntamente a ISIS en Siria,
mientras se mantenía fuera del resto de ese conflicto.

La habladuría de Trump no ha resistido el contacto con la realidad. Todo son fracasos.

“¿No sería agradable si nos entendiéramos bien con Rusia?” comentó, como si nadie más hubiera pensado en eso, como si nadie lo
hubiera intentado, como si los desacuerdos políticos fundamentales no estuvieran en el centro de las tensiones bilaterales.

Y así, para revisar, he aquí el más reciente cambio de parecer de Trump sobre su visión del mundo: Siria, que es el más
impactante. Trump, que ahora califica al presidente de ese país, Bashar al Assad de “carnicero” y “animal”, había tuiteado
durante el gobierno de Barack Obama que involucrarse en Siria sería “estúpido”. Como candidato, prometió luchar únicamente
contra ISIS. Rusia combate a los yihadistas y Assad también, dijo, sugiriendo que tanto Putin como al Assad podrían ser
aliados de Washington. Esto entraba en contrasentido con lo que pensaba su entonces candidato a vicepresidente, Mike Pence,
quien dijo que la acción militar en contra del régimen de Damasco podría ser una jugada a analizar

Pero luego, después de un ataque químico contra niños sirios del que se culpó a al Assad, un visiblemente emocionado Trump
anunció que su “actitud hacia Siria y al Assad” había “cambiado mucho”. En una conferencia de prensa al día siguiente del
ataque químico, Trump se jactaba de ser “una persona muy flexible”. Sólo días antes, funcionarios del gobierno habían sugerido
que Trump estaba preparado para dejar que al Assad permaneciera en el poder. Ahora Trump ha descartado su postura sobre el
conflicto geopolítico más complejo del mundo actual, decidiéndose a bombardear. “No tengo una manera específica. Si el mundo
cambia … cambio. Soy flexible y estoy orgulloso de esa flexibilidad”. El Presidente quería que creyéramos que esto no es más
que el comportamiento razonable de un líder pragmático.

La flexibilidad es normalmente un rasgo loable, la marca de alguien no poseído por el fanatismo. Si las circunstancias
cambian, tiene sentido el ajustarse. Pero, como en prácticamente todos los casos en los que Trump está retrocediendo en sus
posturas anteriores, nada ha cambiado. Es como si Trump no supiera de la perversidad de al Assad. El régimen sirio ha estado
utilizando armas químicas, bombas de barril contra la población, a la que también ha condenado a la hambruna. Han muerto unas
500.000 personas. Eso no es nuevo.

Esta semana, después de reunirse con el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, y con el presidente chino, Xi
Jinping, Trump cambió de rumbo en dos de sus posiciones más fundamentales durante la campaña. La OTAN, dijo, “ya no es
obsoleta”, pero nada había cambiado en cuanto a la OTAN. Trump afirmó que la alianza comenzó a combatir el terrorismo debido a
su presión, pero eso es patentemente falso. La OTAN ha luchado en Afganistán contra al Qaeda.

¿Y China? Tras una buena reunión con Xi, Trump ha decidido que este país asiático ya no está violando a los consumidores
estadounidenses. ¿Y qué hay de esa promesa de trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén? Eso se suponía que
sucedería inmediatamente después de su posesión. El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador Bob
Corker, dijo que pensaba que Trump estaba listo para trasladar la embajada a las 12:01 del 20 de enero, inmediatamente después
de ser juramentado. Pero luego, Trump descubrió que todo era un poco más complicado de lo que pensaba. Está “dándose cuenta de
algunas de las complejidades existentes”, aseguró Corker.

Trump parecía hacer campaña con la premisa de que todos los demás son tontos. Sólo él, como lo afirmó, tenía lo necesario para
corregirlo todo. Resulta que sus brillantes ideas no eran más que puntos de conversación superficiales, lo suficientemente
buenos como para desencadenar rugidos de aplausos en sus masivos actos. Algunas de las correcciones del curso, particularmente
en relación con la OTAN, son un cambio bienvenido, pero la visión de un presidente que cambia su parecer con tanta facilidad
sobre las cuestiones más importantes de nuestro tiempo es profundamente inquietante.

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