Las crisis inventadas por Trump


La era de las crisis infundadas
Inmigración, proliferación nuclear y guerra comercial son algunos de los aspectos que Trump deforma para construir su discurso populista

Protestas contra Trump durante su visita en Escocia el 14 de julio de 2018.
“Esta carnicería americana termina aquí y ahora”, proclamó Donald Trump en su apocalíptico discurso de inauguración como presidente, el 20 de enero de 2017. Una carnicería, según su visión, hecha de pobreza, violencia, falta de oportunidades. Los datos, sin embargo, decían entonces algo bastante diferente. La tasa de paro se situaba en menos del 5% —en descenso constante desde 2010—, mientras que la de crímenes violentos por habitante se situaba en la mitad de su nivel de principios de los noventa, según datos del FBI. El discurso es, quizá, el epitome de una riada de distorsiones retóricas y ópticas que plasman la política de nuestro tiempo. La era de las crisis que no eran, arrojadas como granadas en las opiniones públicas de Occidente.

La cuestión migratoria. La mal llamada ‘crisis migratoria’ que arrecia fuerte en estos meses prácticamente en todos los países occidentales ilustra bien el concepto. Políticos populistas ganan terreno e inflaman audiencias con discursos tremendistas en esta materia. Los datos, sin embargo, apuntan a que las llegadas están cayendo en picado en Europa y son contenidas en EE UU. Frente al millón de personas que llegó a las orillas europeas por el Mediterráneo en 2015 y los 360.000 que lo hicieron en 2016, en lo que va de año la cifra se sitúa en 48.000, según datos de la ONU. En 2014 habían sido 216.000. Para poner contexto, conviene señalar que Turquía sola acoge a más de tres millones de refugiados sirios y el diminuto Líbano, a alrededor de uno.


Los movimientos secundarios (desplazamientos desde el país de entrada en la UE a otro), cuyo control y gestión casi derribó al Gobierno de Angela Merkel bajo las embestidas de su esencial aliado bávaro Horst Seehofer, no llegan a los 20.000 en lo que va de año en Alemania, país con unos 83 millones de habitantes.

En EE UU, las llegadas irregulares por la frontera sur fueron en 2017 las menores en un quinquenio. En los últimos meses ha habido un repunte, pero siempre por debajo de años como 2013 o 2014. Difícil negar que la gestión del flujo migratorio sea un reto mayúsculo, que las llegadas acumuladas representen un desafío y las futuras quizás más aún. Pero los datos actuales no respaldan la retórica de crisis máxima que adoptan líderes como Trump, Salvini o Seehofer en este momento.

La proliferación nuclear. La cuestión iraní, tratada de forma hiperbólica por Trump, también despierta ciertas dudas, como mínimo en las cancillerías europeas y asiáticas. Es evidente que en el pasado el Gobierno iraní ha desarrollado de forma oculta un inquietante programa nuclear y que en el presente mantiene también inquietantes actividades en su región.

Pero no deja de llamar la atención que Irán sea el epicentro de una crisis tremenda mientras que Corea del Norte, que en contra del derecho internacional ya posee el arma nuclear, ha hecho innumerables pruebas de misiles balísticos y lanzado amenazas explícitas a diestro y siniestro —además de oprimir a sus ciudadanos hasta niveles difícilmente comparables en el mundo— amerite sonrisas y apretones de mano del supuesto líder del mundo libre. Líder que, tan solo el año pasado, fue definido como “viejo chocho” por el mandatario norcoreano al que ahora ha admitido al concierto de las naciones a cambio de nada, dada la ausencia de cualquier compromiso concreto, mecanismo de verificación o fecha de cumplimiento del acuerdo de desnuclearización. El pacto con Irán que la Casa Blanca acaba de reventar, en cambio, estaba repleto de elementos de control.

La guerra comercial. En este caso, los datos sí muestran que EE UU sufre un importante déficit en la balanza comercial con muchos países. Ello no impide que la retórica hiperbólica de Trump al respecto resulte injustificada. De entrada, porque un déficit comercial no es el mal absoluto y, por ejemplo, no ha impedido que EE UU se halle en una de las más prolongadas y sostenidas etapas de expansión económica que se haya registrado. Y que la misma haya dejado al mercado laboral en una situación de pleno empleo.

Hay bastantes indicios de que países como China tienen prácticas comerciales cuestionables. Es sin duda legítimo buscar mejoras y remedios, pero la intensidad y espectro de la ofensiva de Trump dirigida contra aliados y adversarios es muy cuestionable. En cambio, no se oye ni palabra acerca de la desigualdad en la distribución de la renta, una de las más altas en la OCDE, según el índice de Gini, y que con toda probabilidad será exacerbada con la reciente reforma fiscal.

Este listado podría seguir. La distorsión de los problemas y el tratamiento incendiario de los mismos es una vieja táctica populista. Otros períodos de la historia muestran que no suelen acabar en nada positivo. Incluido para el pueblo supuestamente defendido por esta clase de andanadas.

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