Barton Biggs, estratega de los fondos de riesgo

Barton Biggs (Nueva York, 1932) tenía una cualidad que brilla por su ausencia en el mundo de las finanzas. Cuando se equivocaba, lo admitía sin recurrir a ningún tipo de excusas. El estratega financiero es considerado como uno de los pioneros en la gestión de fondos especulativos —hedge funds— y uno de los primeros en anticipar el estallido de la burbuja de las puntocom —empresas tecnológicas ligadas al desarrollo temprano de Internet— a comienzos del presente milenio.

Biggs, que falleció el pasado sábado a los 79 años, era uno de los fundadores del fondo Fairfield Partners, en 1965. Ocho años después entró en Morgan Stanley, donde trabajó durante tres décadas y donde creó en 1975 la división de gestión de inversiones. Después, a partir de 1985, estuvo al frente de la estrategia global de la entidad. Allí ya puso su atención en el potencial de negocio en mercados emergentes como China.

Las cadenas de televisión financiera no dudaban un instante en pedirle su opinión. En la actualidad era el gestor de Traxis Partners, un influyente fondo especulativo que opera en Connecticut y que creó en 2003 tras retirarse de Morgan Stanley. La última crisis financiera le cogió con el pie cambiado; sin embargo, apostó porque en Estados Unidos se tocaría fondo en la primavera de 2009 y acertó.

En el parqué neoyorquino se le consideraba como uno de sus gurús. Fue el financiero que predijo el repunte bursátil a comienzos de la década de los años setenta. Otro de sus fuertes era que había viajado por todo el mundo, lo que le permitía cruzar los datos de los informes con lo que él apreciaba sobre el terreno. Eso le llevó a aconsejar a los inversores que se deshicieran del lastre de sus posiciones en Japón antes del colapso financiero y estancamiento económico del país.

Algunos le comparaban por estas cualidades con Warren Buffett, el oráculo de Omaha. Porque al final, en las finanzas, como en la vida real, se impone el sentido común. Y fue el sentido común lo que le llevó a afirmar tres años antes que nadie que el valor de las tecnológicas era insostenible. Biggs anticipaba aquello que, desde la presidencia de la Reserva Federal, Alan Greenspan fustigaría como la célebre “exuberancia irracional” de los mercados.

Biggs, como Buffett, tenía una visión global de la coyuntura que le permitió entender los fundamentos sobre los que se sustenta un crecimiento sano. No solo era un visionario independiente que intentó desmarcarse de la tendencia general. También era un pensador brillante, con tres libros publicados, uno de ellos una novela sobre los males de la arrogancia financiera.

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